martes, 21 de septiembre de 2010

SINDICATOS EN EL OJO DEL HURACÁN


Son muchas las reflexiones a las que me está llevando la convocatoria de huelga general hecha por los sindicatos de trabajadores para el próximo día 29, pero hay una que destaca sobre todas y que gira en torno al rechazo y desconfianza que provocan los sindicatos en buena parte de los “opinadores” profesionales de medios de comunicación y, por otra parte, entre gente de mi entorno personal, por lo general trabajadores. Los comentarios más generalizados, y en los que casi todos coinciden, hacen referencia a varios supuestos: su servilismo respecto al gobierno, su ineficacia, el parasitismo de sus liberados, el perfil pseudo-mafioso de sus dirigentes y, en definitiva y como consecuencia, la indefensión en la que han dejado a los trabajadores en los últimos años.
Yo comparto la idea de que los derechos de los trabajadores no han sido bien defendidos en los últimos años. No se han aprovechado las “vacas gordas” para equiparar los sueldos de los trabajadores con los de la Europa más desarrollada y ahora que son “flacas” toca apretarse el cinturón desde un techo salarial muy bajo. Los sindicatos tenían que haber peleado por subir ese techo cuando se podía y no lo hicieron, se durmieron en los laureles y se dejaron llevar por la complacencia de unos trabajadores demasiado ocupados en satisfacer las ansias consumistas que provocaban los bajos intereses de los bancos. Tampoco supieron ver (o cuando menos no se enfrentaron a él con la debida contundencia) el peligro de un modelo económico especulativo que nos ha llevado a la actual crisis y que ha provocado el enorme aumento del paro, aunque también en esto contaron con la complacencia de unos trabajadores que tenían la sensibilidad hipotecada en humeantes tarjetas de crédito. Pero a pesar de todo esto (o tal vez por todo esto) no creo que hayan sido serviles con el gobierno, sencillamente, creo, han estado narcotizados, como el resto de los trabajadores y de la sociedad en general.
Respecto a esos supuestos (para muchos, a estas alturas, verdades incontestables) de parasitismo de los liberados o de corruptelas de dirigentes con los estómagos agradecidos, tengo que decir que por principio me produce desconfianza todo lo que se afirma con la única prueba del “todo conocemos a uno que…” y que sin necesidad de demostración empírica alguna termina convirtiéndose en dogma ¡Vamos! que hace tiempo que todo esto me huele a manipulación y para terminar de confirmar esta impresión se sumo a la fiesta doña Espe, la más populista entre las populistas. Así que, para intentar salir de dudas, me he puesto a buscar datos. Y esto es lo que he encontrado:
Según “hazteoir.org” y el “economista.es“ dos medios, como se puede apreciar, nada sospechosos de connivencia con los sindicatos, "el Ministerio de Trabajo tiene una partida presupuestaria para 2010 (que es exactamente la misma que se aprobó para 2009), que alcanza los 15.798.500 euros, destinados a la financiación de los sindicatos y basada en la representatividad, según los resultados globales obtenidos en elecciones sindicales legalmente convocadas. Hay una segunda partida de los Presupuestos del Ministerio de Trabajo, también reproducida literalmente de 2009 al proyecto de 2010, por importe de 4.800.790 euros, que se destina a compensación económica por participación de centrales sindicales y organizaciones empresariales en los órganos consultivos centrales y territoriales del Ministerio de Trabajo e Inmigración, de sus organismos autónomos y de las entidades gestoras de la Seguridad Social."
Y siguen los angelitos:
"La formación es la gran ubre que surte de dinero a los sindicatos y también a la patronal. En concepto de formación intersectorial, las dos centrales más grandes recibirán este año 21.083.110,63 euros y en la formación sectorializada el conjunto de los sindicatos percibirán 172.667.675,5 euros, de los que 83.461.408,7 euros corresponden a CCOO y 85.025.943 a UGT. Para el resto de sindicatos quedan otros 4.184.000 euros. Sumados los dos ámbitos, la formación reporta a UGT 95,55 millones de euros y a CCOO 94,01 millones de euros."
Según estas dos fuentes a estas cantidades "habría que sumar otras como tramas de subvenciones y pagos en especie que todas las administraciones y otras instituciones pagan. Ese es el agujero negro"…Afirman.
Dejando de lado esos supuestos agujeros negros, de los que no se aporta ninguna cifra ni prueba, todas estas cantidades suman en torno a 215 kilos, de los que aproximadamente 194 son para formación y el resto, poco más de 20, para financiación de los sindicatos.
¿Es mucho este dinero? ¿Está bien empleado? Sobre lo segundo creo que sería bueno que los sindicatos demostrasen la eficacia de sus liberados y que se hiciese un seguimiento más serio sobre los resultados de los cursos de formación ¡Claro que si, máxima transparencia! ya sean sindicatos, patronales, fundaciones o ONGS nadie puede estar al margen de estrictas auditorias cuando se recibe dinero público.
Sobre si es mucho el dinero que reciben lo mejor es hacer comparativas. Y que mejor, para comparar y teniendo en cuenta el servicio que prestan a la sociedad los sindicatos, que mirar hacia otro gran prestador de servicios: la Iglesia, y ya de paso nos solidarizamos con el celo que han mostrado los ultracatólicos “hazteoir” sobre el uso que se le dan a los dineros públicos.
Sólo con lo que saca de la declaración de la renta la Iglesia obtiene 241 millones ¡30 más que el total que reciben los sindicatos! A esto le tenemos que sumar los 600 millones en sueldos para los profesores de religión, los 3.500 a colegios concertados o los más 6.000 millones de euros para actividades educativas, sociales, sanitarias y de culto de la Iglesia católica. Nos quedaría lo que reciben para conservar su enorme patrimonio o lo que no aportan por estar exentos de pagar el IVA o de otros impuestos. Para terminar baste decir que sólo en la visita de Ratzinger se gastará más del doble de lo que el Estado se gasta en financiación directa a los sindicatos en un año. ¡En fin! queda claro que en nuestro país los derechos de los trabajadores salen infinitamente más baratos que las creencias de los católicos. Hay, sin embargo, un dato común a ambos: los pocos seguidores que tienen. Sólo un 15% de trabajadores está afiliado a un sindicato, cifra que está muy lejos del 72% de Suecia y Finlandia. Respecto a la Iglesia menos de un 13% de ciudadanos que se declaran católicos acuden regularmente a misa. Que cada uno saque sus propias conclusiones.

Carlos Tapia

martes, 22 de junio de 2010

A-NORMAL


Sé que soy atípico, puede que incluso anormal (o sea, que estoy fuera de lo normalizado). También sé que en ocasiones soy polémico, cantamañanas e incluso un cabrón con pintas.

Otros pensarán de mi que tengo la ignorancia por bandera o que debería salir de algún oscuro armario. Y no faltará quien opine que soy un traidor, un apátrida que ni siquiera tiene derecho a la vida.

Pero a pesar de todo ello, yo lo voy a decir: ¡LA ROJA ME LA TRAE AL PAIRO!

No se equivoquen, la naranja, la verde, la amarilla, la azul, la rayada, la cuadriculada, la de estilo “burberrys”, también, todas sin excepción.

El Mundial, el mundialito, la “championlí”, la copa, la recopa y el copón, pues también.

Nunca como hasta ahora había visto al personal tan adocenado. Los equipos creativos de publicidad han triunfado al coincidir en temática. Y es que nada mejor que apelar a nuestro espíritu peñero para conseguir el fin propuesto: Vender como locos.

Y no solo eso, porque entre partido y partido, ¡Toma reforma laboral!, ¡Toma subida de i.v.a!, ¡Toma reducción de presupuestos!, ¡Toma recorte!, pero eso sí ¡PO-DE-MOS!.

Ahí está “la roja”, que no es una señora con tendencias comunistas, regalándonos ilusión y gastos a mogollón. ¡Que no falte el presupuesto! Y cuando vuelvan, paseo en hombros hasta la fuente que más rabia nos de, porque acabamos de redescubrir el placer de lanzar al homenajeado al pilón, como en los viejos tiempos.

Apelo a la libertad de expresión para poder decir esto, al sentido cívico para no recibir insultos y al sentido común para respetar a quien no esté de acuerdo.

Me preocupa tanta bandera en el balcones y ventanas, tanta camiseta, tanta caja de televisor plano amontonada con la basura de la calle, tanta falsa solidaridad nacional, tanta ilusión concentrada, tanta neurona adormecida. Me preocupa comprobar lo fácil que es desmontar el espíritu crítico y convencernos de que vamos todos a una, somos un país unido, si ganamos el mundial (o si quedamos segundos) vamos a salir de la crisis, ¡una lección para el mundo!.

Sí lo sé. Soy un cenizo, un gilipollas, un ............. (poner aquí lo que más apetezca).

Aún quedan esperanzas. Si juntamos a Manolo el del Bombo, los televisores LCD HD Full 3D y la cerveza que más anima a la selección, tendremos el mejor ejemplo de I+D+I, justo lo que necesitamos para tener un mercado laboral más competitivo y una sociedad con más bienestar.

¡Venga, a vestir de rojo! ¡OEEEEEEE!


Javier Esteban

jueves, 27 de mayo de 2010

CON MÁS PARECIDO QUE IGUALDAD


Lo reconozco, acabo de participar en un taller sobre educación en igualdad (entre mujeres y hombres se entiende) y estoy altamente sensibilizado.

No es que haya descubierto nada nuevo, es más bien la constatación de lo que queda por hacer y el largo camino lleno de baches que se perfila en el horizonte.

El taller se ha realizado en un colegio público en el que el censo de familias (que no el del alumnado) sumado al personal docente supera la cifra de 450 potenciales participantes. La realidad es que al final no llegamos a una docena, con total ausencia del cuerpo funcionarial del centro y una representación del sexo masculino igual a dos, o sea, otro y yo.

No pasa nada, estoy acostumbrado. Ya ocurrió lo mismo con un Taller sobre Educación Sexual que no pudo llegar a realizarse por falta de participantes a pesar de contar con personal cualificado y un enfoque nada sospechoso en cuanto a política y perversiones varias.

Conclusión: Lo sabemos todo sobre educación sexual. Y qué decir en materia de igualdad, donde podemos dar lecciones a cualquiera. Porque claro, “si pasan cosas es porque ellas se empeñan, que si no se metiesen donde no las llaman, no pasaría nada” o porque “podemos ser iguales si cada cual sabe dónde está su sitio”.

En fin, triste panorama.

Pero me estoy apartando del tema y no es esa la cuestión sobre la que yo quería escribir. De lo que se trata es de lo difícil y lamentablemente casi imposible que es conseguir un cambio real en una materia tan delicada y tan necesaria como la igualdad. No es sólo por una cuestión de educación y de ancestral machismo, no es que se confunda feminismo con “hembrismo”, no es que la R.A.E. no admita “miembra” aunque sólo sea como acompañante del miembro, es por todo eso y por muchísimo más.

La igualdad subvierte el orden establecido, rompe tradiciones y normas sagradas, trastorna el orden moral de nuestra sociedad y lo más peligroso de todo, hace dudar.

La igualdad verdadera nos haría replantearnos el papel que la religión da a la mujer. En el cristianismo empezaría por aquella a la que sólo se nombra como “Madre” o “Virgen” y nunca como mujer. Empezaría por cuestionar el sexo de Dios, ya que si no tenemos su retrato exacto pero estamos hechos a su imagen y semejanza, ¿por qué pintarlo con barba y no con pechos?.

Nos haría preguntarnos sobre la lógica de determinadas políticas. ¿Para qué sirve un Ministerio de Igualdad, cuya ministra o ministro, si lo hubiere, jura o promete el cargo ante una Monarquía que se salta la lógica línea sucesoria hasta el tercer descendiente porque éste es varón?.

Se rompería un mercado segmentado, donde el marketing define cúal debe ser nuestro aspecto y papel en cada momento de nuestra vida, diciéndonos, que no descubriendo, cúales son nuestros anhelos y esperanzas, cómo, dónde y cúando debemos vivir.

Dejaríamos de hablar de violencia de género y pasaríamos a hacerlo sobre el trato entre iguales.

La igualdad verdadera nos obligaría a usar terminología inclusiva en vez de excluyente, aunque se suponga que la que existe incluye por defecto. Tendríamos que buscar la coherencia en vez de la comodidad.

Querríamos lo mismo para nuestras hijas que para nuestros hijos.

Desterraría por completo el “siempre ha sido así” o “es una tradición”, parafraseo favorito de quien se niega a evolucionar.

Conseguiría que la sensualidad de nuestro cuerpo pudiese vivirse sin culpa, con aceptación y sin estar sujeta a juicios morales que dependen de lo apretado del tejido o el largo de la prenda que vestimos.

Si fuera una igualdad auténtica, lo que la naturaleza nos hubiera puesto entre las piernas no determinaría el rol social y nadie podría molestarse o juzgar.

Si fuera de verdad, sería lo mismo descender de un puto que de una puta. El sexo se viviría sin culpa ni suciedad, porque también en eso seríamos iguales, nadie se somete a nadie.

O sea, que para ser iguales hay que cambiar y, o nos da mucha pereza o nos da mucho miedo. En cualquier caso, siempre podemos seguir disimulando y jugar a ser iguales aunque, en realidad, sólo nos estemos pareciendo.

Javier Esteban

P.D.: He intentado escribir utilizando un lenguaje no sexista. Creo haberlo conseguido y he de confesar que NO ME HA COSTADO TANTO.

martes, 4 de mayo de 2010

Intervencionismo.


Mucho se habla de la cultura subvencionada, se dice que responde a los intereses e ideología de quien la subvenciona, pero se analiza muy poco la realidad circundante.

La perversión del lenguaje es tal que confunde los términos y así se define lo subvencionado como lo “mantenido”, en el más putanesco sentido de la palabra. Especialmente si se refiere al cine o el teatro, donde el mensaje suele ser mucho más explícito.

Antes de continuar, quiero dejar constancia de que no trato de hacer una defensa de la subvención ni una apología de la cultura subvencionada. Simplemente, dada mi experiencia, quiero transmitir una reflexión personal. No es verdad absoluta, ni siquiera relativa, es solo una opinión.

Desde mi modesto punto de vista, y refiriéndome al teatro, estoy convencido de que es en el ámbito de lo subvencionado donde se respira una mayor libertad y espíritu crítico. Curiosa paradoja, cuando el discurso reinante es el contrario, aquel que dice que “la taquilla os hará libres”.

Pienso que es obvio que la taquilla es mucho más acomodaticia, no hay más que ver el panorama actual. La programación a taquilla está llena de famosos y famosetes, repetición de fórmulas televisivas, lo que antes se llamaba humoristas y ahora se llama “monologuistas”, los cacareados musicales (importados y nacionales) y afortunadamente algo de danza y circo. No hay nada más. Bueno quizá me olvido de algún título de “alta comedia” (más de lo mismo desde hace más de 30 años), algún nada inquietante “Muñoz Seca” sobrado de años y polilla y .... Nada más.

Ese es el panorama “libre”, el no subvencionado.
Aunque mayoritariamente el teatro subvencionado tampoco inquieta más ni es más critico, sí es más proclive a la aparición de propuestas con vocación de ir más allá del mero entretenimiento. Quizá porque no depende de la taquilla, es decir de la popularidad, ni de la rentabilidad económica.

Sería muy largo entrar a discutir si el teatro debe ser algo más que un simple pasatiempos, pero baste recordar que si lo convertimos en eso, deberíamos hacer lo mismo con la literatura, principal fuente dramatúrgica del teatro y exigirle a otras artes como la pintura, la escultura o la fotografía, que contemplen sólo un aspecto estético, olvidando toda postura ética o crítica.

Por norma general, las subvenciones teatrales se dirigen a abaratar los costes de producción y exhibición de un espectáculo, esto permite hacer mejores espectáculos y hacerlos llegar a un mayor número de poblaciones. Pero también aquí aparece la perversión, que se muestra de formas distintas en función del capítulo subvencionado. Si se trata de la producción, la creencia general e interesada es la de que si recibo 4 me gasto uno y el resto se reparte entre los componentes de la Compañía con el fin de dar gusto y rienda suelta a los más bajos instintos consumistas, cuando la realidad es bien distinta. Que nosotros sepamos, y ya llevamos 20 años en esto, no existen en teatro las subvenciones a “fondo perdido”, eso quiere decir que todo lo que se recibe está fiscalizado (auditado) y justificado (factura a factura). Es más, si se recibe 4 es porque se han pedido 10, y no se trata de justificar lo recibido, se trata de justificar el coste total del proyecto, que fácilmente podría ser 20.

La otra modalidad, la que se refiere a la exhibición o gira de un espectáculo, incide directamente en el bolsillo del espectador. ¿Cómo si no es posible acudir a un espectáculo teatral por menos de lo que cuesta una entrada de cine o una copa?, ¿Cómo si no es posible que un espectáculo con “famoso/a” recale en una población con menos de 10.000 habitantes y para una sola función?. Por cierto, queremos tener al famoso/a en nuestro pueblo, tenemos derecho y si ha estado en el de al lado, ¿por qué no en el nuestro?. ¿Para qué vamos a pedir que los dos pueblos se pongan de acuerdo y no programen lo mismo aunque apenas estén a 5 kilómetros uno de otro?.

Y ya puestos, ¿no es más intervencionista que la propia subvención, aquel concejal o alcalde que decide lo que se puede o no se puede ver en su población en función de su criterio ideológico o de su rentabilidad política?, ¿acaso no resulta más intervensionista que la propia subvención el programador obligado a llenar su teatro para convencer a su alcalde o concejal de lo acertado de su gestión, aunque para ello se guíe únicamente por criterios de estricta comercialidad?.

¿No será que hemos olvidado el verdadero objetivo de la cultura?.

No. Creo que no. Porque el verdadero objetivo de la cultura, en este país y a día de hoy, es adocenar. Cambiar criterios sociales por económicos. Evitar que nos movamos de nuestra casa. Sospechar de los del pueblo de al lado. Y sobre todo, ser rentables, rentables y rentables. No vaya a ser que la banca gane menos.

Pero tranquilos, ya quedan menos subvenciones y los teatreros, que no tenemos derecho a paro, nos haremos humoristas (perdón he querido decir monologuistas) que es más barato y adocena más.

Por cierto, prometo hablar otro día de ese público mayoritario que no inquieta a los alcaldes y concejales, y de ese otro público dispuesto a no dejarse amaestrar y al que la programación se empeña en echar de los teatros.

Javier Esteban

viernes, 8 de enero de 2010

CIUDADANOS SIN ETIQUETAR


Existe un tipo de ciudadano que dice pasar de política, que, en teoría, no tiene ninguna ideología y cuya única militancia conocida es la que le une a un determinado equipo de fútbol. Basan esta desidia política en la desconfianza hacia los partidos políticos “son todos iguales” suelen decir, “unos corruptos que sólo miran sus intereses” añaden, “así que yo paso de política” sentencian.

Podríamos discutir sobre lo acertado de renegar de la política en función de que quienes viven de ello no nos ofrecen ninguna confianza, postura que en mi opinión sólo se justifica desde la ignorancia, pero considero más interesante fijar nuestra atención en dos aspectos que, a mi entender, lleva implícita la postura de este tipo de ciudadanos.

En primer lugar llama la atención la incoherencia que supone “pasar de la política”, porque no se fían de los partidos políticos y, sin embargo, votan religiosamente cada cuatro años por uno de esos partidos de los que desconfían. Tal vez sean los mismos ciudadanos que en su papel de padres nunca van a misa, porque desconfían de los curas, y sin embargo apuntan a sus hijos a religión para que reciban enseñanzas tuteladas por esos mismos curas.

No obstante, el aspecto más significativo de este tipo de ciudadanos es que, posiblemente sin saberlo, mienten: no pasan de la política, les interesa, y mucho, pero no lo saben o, al menos, no saben que eso que tanto les interesa es política. Tú hablas con ellos de temas sociales o económicos y tienen una opinión, no sé si propia, pero opinión al fin y al cabo. Opiniones que les sitúan en una determinada tendencia política. Dependiendo del asunto que se trate pueden pasar de ser comunistas convencidos a neoliberales ultra ortodoxos ¡y ellos sin saberlo! Y si tienes la osadía de señalárselo se ofenden ¡A mi no me llames eso! te dicen arrugando el ceño ¡Coño, pero si me acabas de decir que se tendría que privatizar la sanidad y la televisión pública, como quieres que no te llame ultra neoliberal! ¡Yo no soy comunista! se defienden ¡Pero si acabas de decir que el gobierno tendría que nacionalizar la banca en vez de inyectarla dinero! Hay más ejemplos, como el que dice que pasa de los reyes “y todo ese rollo de la monarquía” para, a continuación, jurar y perjurar que él no es republicano, o el otro que achaca a los nacionalismos todos los males del país mientras se zampa unos callos a la madrileña y defiende, a grito pelao, que como en España no se vive en ningún lao.

Todos estos ejemplos ponen de manifiesto que estos ciudadanos, “pasotas de la política”, tienen en realidad una ideología y que por mucho que a ellos les molesten las etiquetas toman posturas que les identifican con tendencias determinadas. Otra cosa es que ellos no sean conscientes de ello y crean que lo que piensan es consecuencia de una postura personal y despolitizada: quieren que se privatice la sanidad y la televisión porque les molesta que el dinero de sus impuestos se utilice para “regalar” medicinas a los inmigrantes o se malgaste en programas de debate y de cultura que les aburren o, por otro lado, quieren que se nacionalice la banca porque les jode que con su dinero los banqueros puedan seguir disfrutando de una orgía capitalista a la que ellos no han sido invitados. Todo relacionado con “su dinero” y nada que ver, por supuesto, con neoliberalismos o comunismos. Pero se equivocan. Abogar por que se privaticen los bienes públicos tiene un nombre: neoliberalismo, cuyas raíces beben del culto a la desigualdad y el reparto asimétrico de la riqueza, ideas que alimentan el desprecio al inmigrante o el gusto por la frivolidad, entre otras muchas cosas. Nacionalizar la banca es cargarse de un plumazo el principal cimiento del capitalismo: la propiedad privada, y como todos sabemos la ausencia de propiedad privada tiene un nombre: comunismo ¿Estamos entonces ante unos ciudadanos que, sin saberlo, son neoliberales, comunistas o ambas cosas a la vez?… ¡No!… Estamos ante unos ciudadanos que no saben lo que son, algo que les convierte en muy peligrosos. Quién sabe lo que es sigue una dirección elegida y manifiesta ante todos sus intenciones. Quién no sabe lo que es sigue la dirección hacia la que le empuja el viento. Que el viento sopla neoliberal, todos neoliberales. Que el viento sopla comunista, comunistas. Que el viento sopla fascista….pues eso.



CARLOS TAPIA

martes, 15 de diciembre de 2009

Mytilus Edulis


Creo que algo fundamental que define la libertad es tener la posibilidad de elegir. En otros ámbitos a esto se le llama libre albedrio. Para poder elegir se han de tener al menos dos opciones o un sí y un no. Cada elección lleva aparejadas sus consecuencias. Al fin y al cabo toda nuestra vida se construye a base de elecciones, al menos en la parte del mundo en la que en general se pueden tener opciones. Por supuesto quiero incluir aquí la cierta y conocida máxima que dice “mi libertad termina donde empieza la de mi prójimo”. Así que creo que puedo afirmar que hasta aquí todos podemos estar de acuerdo.

El conocimiento genera opciones. De esto saben mucho los de las guerras, ya que según dicen ellos cuanto más conozcas a tu enemigo más fácil te será vencerlo.

También es cierto que hay quien piensa que es mejor no conocer, es más ni siquiera nombrar, afirmando con su actitud algo tan dudoso como “lo que no se nombra no existe”.

Y por supuesto están los que sin conocer nombran y juzgan.

Al final, estos dos últimos, carecen de libertad y en general abogan por negársela a los demás. Cosa que hacen apropiándose del término al decir que es “su conocimiento de la verdad absoluta lo que les hace realmente libres”. A mi esto siempre me ha sonado a falta de opciones y de curiosidad.

No entiendo muy bien por qué molesta que el otro elija una cosa distinta a la mía. Y tampoco entiendo por qué para convencer de mi verdad es necesario negar el conocimiento y la existencia de otra u otras. Igualmente incomprensible me resulta tener que asumir algo que me encontré preestablecido pero sobre lo que sin embargo tengo derecho a decidir.
A modo de ejemplo diré que puedo adorar la esbelta figura del mejillón y los inigualables brillos de su concha negra. Hacerme collares y camisetas, celebrar el día del mejillón, dar a conocer sus innumerables virtudes y convertirlo en el centro de mi existencia. Soy libre de hacerlo, pero no puedo imponer a nadie el culto a su figura porque siempre hay quien prefiere las almejas, que por otra parte también son muy ricas.

Así que en los espacios comunes me abstendré de colocar en omnipresecia al mejillón, porque son eso, comunes, de todos y de todas. Y no vale eso de que ese mejillón lleva ahí 58 años y no molesta a nadie. Pues no. No vale, porque cada vez que uno mira al frente te lo encuentras, porque situado por encima de la cabeza da la sensación de que te colocas bajo su mirada y eso impone, porque hay quien ignorando mi libertad me dice que ese mejillón me ama o que soy su hijo y esto último me inquieta muchísimo.

No es que me moleste el mejillón, es que hay más opciones y solo me publicitan esa.

Por cierto también es muy triste que en el cole solo te den la libertad de elegir entre el mejillón o la nada, como si las chirlas o las almejas no existieran y no fueran tan bonitas y antiguas como los mejillones, siendo como son de la misma familia, o sea, moluscos bivalvos.

Respeto pido además para quien no quiera degustar semejantes manjares marinos y se decida sólo por conocer sus pormenores biológicos y los ecosistemas en los que se encuentran o por excluirlos directamente de su dieta, que de todo hay.

Libertad no es creer, es elegir. Y que nadie se inquiete, ya cargaré yo con las consecuencias de mi elección.

Javier Esteban

jueves, 26 de noviembre de 2009

¡Qué mundo, señor-es y señoras!


Realmente vivimos en un mundo en el que el miedo se utiliza para discriminar, dominar y aplastar, pero desde tiempos inmemoriales... Era el tema de nuestro Giordano y lo más preocupante es que este hombre vivió en el s. XVI, nosotros estrenamos el espectáculo en 2003 y ahora mismo sigue estando de absoluta actualidad. Evolucionamos mucho como especie, sobre todo en lo que a economía se refiere, y afortunadamente también hemos evolucionado mucho en lo referente al pensamiento lo que pasa es que eso, en el día a día, no se ve mucho. En el aspecto económico sí, al menos si tienes la inmensa suerte de vivir en el primer mundo, si vives en los otros submundos colindantes la evolución económica se nota pero por el abismo inmenso que día a día se abre más profundamente y que te separa radicalmente del llamado "bienestar.

El pensamiento ha evolucionado efectivamente pero a pesar de ello seguimos con los mismos miedos y la misma mentalidad inmovilista desde hace siglos, lo que ocurre es que lo disfrazamos de modernidad. La religión, todas las religiones sin excepción alguna, sigue haciendo estragos en nuestras conciencias adormecidas y aunque la historia de nuestro planeta debería ser suficientemente aleccionadora como para desterrar de una vez por todas la ficción y separarla de la realidad del ser humano, con toda su grandeza y toda su miseria, nos seguimos agarrando al "por si acaso" y seguimos bautizando y haciendo comulgar con ruedas de molino a nuestr@s hij@s" mientras cerca de nosotros agonizan l@s hij@s de otros ciudadanos del mundo cuyo mayor temor es tener que cubrir de tierra la vida que engendraron antes siquiera de que hayan podido asomarse a la belleza de este mundo, que eso sí que tiene que dar miedo y llenarte de angustia, pero de la de verdad, no de esta angustia que nos hemos fabricado nosotros y que se pasa con Prozac o unas buenas vacaciones. O la de los niños que viven absolutamente solos, abandonados a su suerte y a merced de los depredadores varios que caen sobre ellos como plagas.

Pero no importa porque ahí está la cercana Navidad, que nos hará sentirnos a todos mejores personas si llamamos a un programa de la tele y donamos 50 ó 100 €uros en la mega gala de turno que hace ganar millones y millones a las compañías teléfonicas, o hacemos llegar a los niños "más desfavorecidos" los juguetes que ya no nos caben en la habitación de nuestr@s hij@s porque hay que hacer sitio a la nueva tanda que se avecina, o llevamos los zapatos que ya no usamos al Corte Inglés para que los envíen a África (que ya que nos hemos acercado hasta allí para llevar los zapatos usados aprovecho para comprar...).

Si fuéramos capaces de quitarnos de encima el peso de la tradición, de los miedos heredados, de los prejucios, del rechazo a todo lo que no podemos comprender... vamos, si realmente dejaramos que la evolución del pensamiento entrara en nosotros y como única religión tuviéramos el respeto a los demás y el tratar que al menos nuestro pequeño mundo, nuestro entorno más inmediato, fuera un poco mejor, si nos empleásemos cada uno de nosotros a fondo para hacer de este mundo un lugar mejor del que hemos heredado... quizá fuera posible no necesitar un paraíso ficticio pero.... ¡el miedo...!

Antes (ahora también pero menos) se discriminaba a los negros, ahora hay otros "negros". Ahora mismo para algunas personas lo peor es ser gay... así que... y ser mujer en muchos países y cerrando un poco más el círculo, en algunas familias, no es precisamente un chollo. Lo realmente terrible, y además no tiene remedio y la educación no te salva, porque ni siquiera tienes acceso a ella, es ser pobre y con esta mierda de crisis que en palabras de Saramago "es un atentado contra la humanidad", cada vez el abismo es más insalvable porque además se tiene miedo al contagio ( la pobreza, la homosexualidad... se contagian)


No te digo nada si eres pobre y mujer, o pobre y niñ@... ¡Para qué queremos fabricarnos un infierno ficticio si el de verdad habita cerca de nosotros y lo construímos entre tod@s!


Merceces Asenjo