
No soy anticatólico, soy ateo. No soy agnóstico o no practicante, simplemente soy ateo. Es decir, lisa y llanamente carezco de creencias religiosas. O sea, que vengo con lo puesto, con lo que traemos de serie ya que nacemos sin fe o creencia alguna, igual que sin conocimientos, cultura o ciencia alguna, aunque sí con instintos primarios dedicados a nuestra supervivencia como individuo y especie.
Después cada uno se hace o le hacen el “tunning” correspondiente y se añaden extras al motor y chasis originales. Algunos de estos extras se producen en serie, obteniendo una ingente cantidad de carrocerías similares con muy pequeñas variaciones, normalmente sólo de tono en la intensidad del color.
Ante tal explosión de mayoritaria igualdad, la tendencia natural inclina a hacer pensar que la mayoría ha acertado en la colocación de sus accesorios y se produce la urgente necesidad de carrozarse según la tendencia general para no distinguirse del resto, siempre, claro está, en función de las posibilidades económicas de cada cual. No hay que olvidar que solamente una cadena de talleres está autorizada para los trabajos de chapa y pintura necesarios y en general saben adaptarse a todos los bolsillos aunque obviamente los resultados no son siempre igual de satisfactorios.
Lo mejor es comenzar en cuanto se sale de fábrica, poco a poco, para que el esfuerzo “tuneador” sea efectivo y luzca en todo su esplendor al terminar el rodaje inicial.
El problema no es el tunning en si, el problema es la falta de talleres autorizados y homologados, lo que obliga a los usuarios a realizar todas las inspecciones periódicas (bautizos, catequesis, comuniones, más catequesis, confirmaciones, otra catequesis, bodas, alguna catequesis más, bodas de plata, bodas de oro y carrozado final –funerales-) en la misma cadena, generando así una cierta sensación de uniformidad. En economía esto se llama monopolio.
Durante una semana al año, más o menos, el mundo del tunning pasea ante todo el mundo sus mejores carrozados, ellos los llaman “pasos”, expresión máxima de su estética y, según ellos, de su espíritu e ideario. Puntualmente se reúnen en otras citas a lo largo del año, (el mundo del tunning es muy inquieto), pero es esta semana que no tiene fecha fija (la decide el comité organizador cuya sede está en Roma) la que concita más expectación y reune más seguidores.
Ante la presión de algunos sectores sociales contrarios a la práctica del tunning (de todo hay), de algunos empresarios que representan otras marcas con mayor implantación en otros países, pero que ya dejan ver sus franquicias en algunas de nuestras ciudades y de aquellos que reivindican la libre elección de talleres y la liberalización de precios, la Red Oficial de Concesionarios (no confundir con confesionarios) observa con estupor la falta de extras en algunos modelos o la escandalosa ostentación de extras no homologados por la tradición que portan algunos descarriados generalmente procedentes del extranjero.
Ante tal situación, viendo la posible pérdida de su concesión y la falta de clientes en sus talleres, han decidido rescatar la antigua práctica del victimismo y una vuelta a la ética-estética “retro”. De esta manera pretende la marca recuperar una clientela que prefiere adquirir sus accesorios comparando entre productos similares, aunque estos sean foráneos, además de convencer a aquellos que prefieren no calzarse alerón alguno.
Como todos sabemos, economía y política van siempre de la mano, por lo que no le faltarán a la marca eminentes próceres que le ayuden a salir de la crisis en que se encuentra, invitando a la ciudadanía a vestir el tradicional tunning patrio dando ejemplo de su utilidad y duración.
Javier Esteban
Posdata: Ahí van dos pensamientos que no son míos, pero ya me gustaría.
When thinking changes your mind, that´s philosophy.
(Cuando las ideas cambian tu mente, eso es filosofía)
When God changes your mind, thats´s faith.
(Cuando Dios cambia tu mente, eso es fe)
When facts change your mind, that´s science.
(Cuando los hechos cambian tu mente, eso es ciencia)
-The Reality Club-
“¿Saben ustedes?, cuanto más grande es la idea en que se cree, tanto mayor resulta el encarnizamiento y el desprecio que se experimenta hacia los que no quieren creer en ella. Y no obstante, la mayor fe consistiría en creer en el hombre”.
(Karel Capek en “La fábrica de Absoluto)




